- Yo mismo - Respondió con la sutileza casi habitual.
- Oh, lo siento, creía que podría ser algún falso otra vez. Pasa, adelante - Dijo, se disculpó, el guardian del recinto con una voz bastante ronca.
Había entrado en la ciudad, que perdida estaba. La ciudad era conocida por sus habitantes, claro, estaban lejos del mundo corrompido. Se caracterizaba por ser alegre, y bastante creyente en cosas súpernaturales. Los jóvenes que tenían plumas eran sus ángeles. El hombre miró una vez más asombrado a su alrededor.
- Señor, ¿desea alojamiento aquí? - Despertó al hombre que caminaba durmiendo y admirando a aquella ciudad.
- Sí, claro
Desde luego, era el único lugar de hospedaje. Era uno de los pocos "embajadores" que podrían entrar a ese lugar, a la ciudad, puesto que estaba perdidamente alejado de el resto del mundo. Tanto así que nadie sabía que había un exterior. Las personas que venían de afuera eran consideradas casi como extraterrestres. Pero no les importaban, ellos eran felices en aquel lugar.
Entró y durmió. Inclusive pagó. Soñó larga y no profundamente.
La ciudad tenía muy altos muros, pero si estabas al centro y en lo más alto, podrías verlos todos. No se veian de un extremo a otro. Era grande, sufientemente grande. No había mucha gente como solemos ver. Un par de panaderías, una tienda de artefactos varios, relojería... como un pueblo. Pero le llamábamos ciudad. Tal vez por lo vivo que era.
Los días eran realmente largos. Excepto en invierno. No había necesidad de usar bloqueadores solares, por alguna extraña razón. Cuando el hombre entraba a aquel lugar, siempre se sentía más relajado y seguro. E inclusive más sano. Extrañamente, no supe nunca si había algún hospital, y nunca conocí a un doctor o médico. Curanderos sí, y había una pequeña farmacia con unos pocos remedios y más vendajes que otras cosas. No supe nunca de alguna plaga o peste. Al menos entre los humanos.
Era un lugar verdaderamente extraño. No utópico, los presuntos ángeles hacían que no lo fuera, pero sí extraño.
Esta vez venía para quedarse un rato más o menos largo. En resumidas cuentas, indefinido, pero tendría que volver. Unos pocos supieron alguna vez el porqué. Mientras que allá afuera ocurría lo que todos nosotros podríamos pensar que ocurriese, y todo lo que los habitantes de la ciudad podrían pensar jamás.
Así se levantó el sol, un día más. Y solamente teniendo los pájaros la libertad de ir y venir.
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